jueves, 2 de agosto de 2012

Ayudas

Cuando cada noche se acuesta a mi lado tarda cerca de una hora en cerrar los ojos y dejar las horas pasar tranquilas. Las camas siempre han estado juntas y también las dos sillas donde dejamos, cada una, nuestras cansadas ropas y el armario que compartimos. No siempre le resulta fácil tumbarse y con frecuencia espera a que yo llegue del baño para ayudarle a subir las piernas. Después se tapa, inspira y empieza su resumen de cosa diariamente incomprensibles. Entre capítulo y capítulo del libro que leo, asiento, pues ni siquiera espera que yo conteste a sus preguntas, o que responda a sus propias conclusiones, sabe que poco o nada tengo que añadir y sin embargo, si sabe que busco escaparme de las injusticias que desde las siete de la mañana comenzaré a sufrir a pleno sol sin poder quejarme. A veces me pregunto qué hemos ganado los que siempre hemos estado perdiendo, quizá una ilusión, una vana ilusión que hoy sigue atendiendo al fenómeno del espejismo.

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