jueves, 27 de septiembre de 2012

Tiempos modernos

Y al séptimo día cancelarás tu correo, arrancaras el cable de la televisión y utilizarás los periódicos para crear obras de arte o chaquetas o los comprarás solo por las películas. Las palabras igualdad, cambio, justicia, equilibrio, sostenibilidad, solidaridad formarán parte de un idioma como el arameo apenas conocido y te cuidarás de alegrarte públicamente por tu suerte o por conservar tu trabajo. Esconderás las instituciones públicas para que no sean destruidas y venerarás como a un dios castigador al concepto de democracia actual.

Quello che manca

En la sección de deportes aparece: Victoria sin tí.

La pluie La plus Lourde

 
Golpe, roca, golpe, viento...
sin tregua...
ante la mirada permeable y el alma arcillosa...
cuentan que un cuerpo se inunda.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

martes, 25 de septiembre de 2012

Y pagar la cuenta

A la tercera taza va la vencida, una ventana y un paso de cebra. Él lleva un abrigo verde, cruza el paso de peatones y sabe que llega tarde. Ella aceptó llevar el abrigo rojo y mira a través de la ventana. Deja la taza en la mesa observando la marca del poso e inicia la maniobra de salida rauda, mirando hacia el suelo. Justo la camarera se cruza en su camino con suéter ámbar y pocas buenas palabras, el zumo de naranja se derrama y cae lentamente por la prenda de paño, será mejor quitarse el abrigo, salir sin él y pagar la cuenta.

Deseo miserable

Primero quitaremos la chaqueta y la camisa, lento muy lento para disimular que no hay prisa o que hay demasiada. Después, pondremos la venda en los ojos y con el tacto adormecido tocaremos la piel igual que otra cualquiera desnudando el cuerpo pero nunca el alma; los dedos quemados tocan igual una piel distinta. La lengua, con sabor a tabaco, tampoco sabe a nada, sólo a veces a tiempo. El ser humano necesita abrazos, quedarse quieto antes de despegarse del miedo; la inteligencia debe aprender a esconderse en los recobecos de la nuca, los brazos y las rodillas para inventar nuevos territorios donde llorar o reir hacia dentro. Si la luz aparece, despertar ágiles antes de desayunar con el tumulto de una esperanza.
 
 
 

lunes, 24 de septiembre de 2012

Vida

Al parecer atravesó dos ríos, cruzó tres lagos y nadó un mar entero para poder encontrarlo. Cuando rozó su brazo y desapareció, quedó convertida en agua.

De mente

De no haber sabido escribir, ni hablar, ni cantar, le hubiera resultado más fácil decirle que le amaba.

Primer paso

La primera vez que vino a consulta tenía fiebre, después toses y al final un resfriado. Varios fueron los antibióticos que tomó a lo largo de los meses, le quitaban las itis y otras al poco aparecían. Un día se quedó quieta en la habitación, bastaría con comenzar a cerrar la ventana.


viernes, 21 de septiembre de 2012

Acertijo

" Yo no lo sé. Allá ustedes. Quizá sean de una pasta distinta, pero yo soy así. ¡Qué le vamos a hacer! Asumo toda la responsabilidad (...)"
(Yo no lo sé...)
Max Aub
 
-Que me pregunte tantas cosas no es lo malo, lo malo es no saber si realmente quiere saber la respuesta y si, dentro de lo malo, yo podría mostrarle su verdad-, expresó cansada Religión.

Bestiario

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
El dinosaurio
Augusto Monterroso
 
 
Habían tres moscas dando vueltas alrededor, no maté a ninguna. Venían y yo esperaba con el diario, las gafas sobre la cabeza y el dominó. Sólo pasaron tres horas, seis y puse la cafetera, cavé un poco justo al lado del antiguo columpio y pinté a mi último nieto. Después, se largaron las moscas y aparecieron los mosquitos, saqué la caja de cigarros y encendí las luces, comí alguna galleta y usé el cardigan rojo, ordené las fotos del último álbum. Dos semanas, tres meses, tampoco estaban los dos lagartos transparentes de la fachada y ordené la carpeta de los recibos. Dí una vuelta alrededor de la parcela y hasta saqué la basura; para entonces, el cerro estaba encogido. A los tres años cambié el sofá y me fui a la cama, desperté con 13 pastillas y Lolo ya no trinaba. Pasé una década pagando y cerrando cuentas y hasta llamé al notario. En las bodas de oro, cambié las lámparas y el buzón; me trajeron un andador. Toby desapareció y era muy viejo. Habían algunos gusanos sobre mi, no pude matar a ninguno.
 
 
 
 

Fijamente


La última muerte se me olvidó, que es como si hubiera muerto doblemente.
Última
Luis Britto García
 
 
 
De las pocas veces que lo miré a la ojos, siempre tuve la misma sensación: no estaba ahí, había salido y no tenía llaves.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Yo hago el prólogo y las acotaciones


Cuando me pidió que escribiese algunas frases para su libro pensé que se trataba de una broma, una absoluta y concienzuda broma sobre ser considerado suficientemente bueno para poner tu nombre y apellido junto a cerca de trescientas páginas que has sido incapaz de escribir pero si has creado y han sido relatadas por sus manos y su tiempo... Esas trescientas o puede que quinientas páginas que has llegado a trabajar a su lado, esas quinientas páginas donde seguramente le diste forma a un personaje con menos genio y mejor forma física que tú, un personaje fundamental para la conclusión a la que tu pareja ha llegado sobre la vida, la esencia, lo fundamental de lo que somos mientras que, con sumo cuidado, le sirves el café, el zumo y las malditas tostadas. Paso a paso, has dejado entre párrafos gran parte de tu vida y de tus sueños, algunos viajes inconclusos por ponencias o por falta de saldo y muchas banalidades en honor a la cultura o a la falta de ella. Es decir, que te planteas como añadir o por qué añadir algunas de tus frases cotidianas disfrazando a un genio o a un hombre intermedio disfrazado de genio; para sonreír más tarde para la foto de tal o cual revista o del periódico que engordará momentáneamente su ego y su conversación y las páginas de una dictadura de la mediocridad y vuestro salón. Sobre la media noche te sentarás en el escritorio o junto a su cama con los ojos bien abiertos e intentarás que tu mente vuele por encima de los impuestos, las vacunas, las revisiones médicas y la incertidumbre de la visita de tus vecinos, repasarás la vieja biblioteca de tus sueños, mirarás con melancolía algunos de tus escritos –los mismos que hoy te parecen horrendos- y decidirás con que autor o con cuáles deberás abrir su prólogo o concluir tus acotaciones al interior de su magnífico trabajo de tres años en el que tus labores diarias, tu trabajo en la residencia y tus viajes a los organismos públicos no tendrán cabida por razones obvias de no interesar absolutamente a nadie. Me pidió que fuese yo y no otra ni otro de sus amantes –a los que yo pretendía ignorar o no conocer-, quién dejara retazos de “lo que pudo ser en mis manos” en su obra –digamos que por puro afecto-, suponiendo que no fuese por el sentimiento de culpa de haberme exprimido cuando aún sabía de literatura y de escribir relatos o de, dejándome desarmada ante hacienda, haber tenido la valentía de dejar el antiguo trabajo y enfrentarse a la hoja en blanco sin reparos ni tarjeta de crédito. Para eso ya estaban las mías, mi rutinario trabajo y mi miedo al riesgo y por encima de todo ello mi aplomo y mi amor incondicional por él, un él casi siempre sin mí.

Los sordos también conversan, amor

¿Y qué le dirías?

Le diría que busque la oscuridad, que le sienta bien incluso cuando la lleva por camisa, que se vaya, que desaparezca y no hable y no tenga forma, ni apellido, ni palabra, ni rostro, ni nada. Le diría que se ha hecho tarde y que duermo porque es mi obligación porque él nunca me habló de hacerlo porque sino hasta eso hubiera abandonado y no habría vuelta atrás para perder la memoria, el buen humor y las carnes. Le diría que deje de nadar contracorriente, que está cansado y puede quedarse tranquilo boca-arriba en medio del mar inmóvil –tal vez le aparezca la sirena- mientras yo me alejo aún con sus huellas en la orilla de la playa y una tremenda picazón en mis ojos, que se quede tranquilo, le diría…y después rogaría por una plaga de medusas blancas.


¿Qué no le dirías?

Q con luz o sin luz tiene siempre la misma figura -que no calma- y el mismo gesto y no se puede quemar ni con el flash abrupto de mi cámara porque hasta en ella reside algunos días. No le diría que la sensibilidad he descubierto que la tengo a medias y que no me gusta su sobre-exposición, ni el egocentrismo ni la idealización que me profesaba pues ambos sabíamos en el fondo que era falso. No le diría que fue mi maestro de tantas cosas y a la vez mi peor alumno de casi nada. No le diría que resopla siempre cuando la vida le sonríe y que de tantas críticas puede que le salga pluma o se quede sin voz o sin lengua.

Correo


Ella quiso contarle una historia sobre una joven que se enamoró de él. Quiso hablarle de lo que el tiempo es capaz de hacer con la esperanza y también con la desgana para concluir que lo verdaderamente laborioso es no desenamorarse y heroicamente mantener por encima de todo la salud. Le escribió su idea de futuro -en dos cartas distintas sin mucho ritmo: una graciosa (que no lo era), una profunda (que tampoco)-, y las envió al buzón teniendo en cuenta las inclemencias del tiempo. Esperó paciente cualquier garabato con su nombre y apellido, discutiendo sobre lo mismo o sobre la imposibilidad de discutir para ponerse de acuerdo, y ante el silencio y el ruido, empezó a diluir toda euforia en infusiones de menta y debates del pensamiento lógico y banquetes de plantón. Digamos que el amor siempre era una locura y nunca una cuestión de educación pero todo esto no podía ser explicado en una tercera carta…
 
 

Conversación invisible

(...) En un cuarto extraño, para dormir, tienes que vaciarte. Y antes de vaciarte para dormir, ¿qué eres? Y cuando te vacías para dormir, no eres. Y cuando estás lleno de sueño, nunca fuiste. No sé lo que soy. No se si soy yo o no lo soy.(...)
Mientras agonizo. William Faulkner.



Hoy duermo a su lado y tengo miedo. Estuve escuchando una entrevista en la que Paul Auster hablaba del miedo y entendí mejor lo necesario que es a veces sentirlo, y sentirlo en las personas principalmente, por el hecho de desaparecer en la página, en la vida, en la historia, como si en la desaparición misma hubiéramos centrado la configuración de la vida, de la imagen de los seres de alrededor, como si se tratase además de un hecho irremediablemente certero, precisamente, para reflejar la invisibilidad de lo que nos mueve y conmueve y que nos impide continuar si no es de este o nuestro propio modo. Al igual que se pierden ciertos personajes, o que se nos escapan ciertas negociaciones en las páginas con el silencio de un sabio omnipresente, es necesario asociar la pérdida a la discapacidad entendiendo esta como la imposibilidad de dar un solo uso autónomo y autosuficiente del ser que no sabe que es el pulso o el instinto. En esa ausencia de esencia coral donde el personaje crece y comienza a sentirse y a temblar ante el medio, ante la desaparición y la incógnita, ese vacío al sentirnos justamente incompletos, comienza la mirada transparente del despertar; del que quiere por fin desperezarse y no sabe nada y su boca y su cuerpo se rinden ante los movimientos automáticos. Perder, la pérdida, ganar, las ganancias…todos estos conceptos que para mi se entienden sólo en la contraposición, en la falta de, en la ausencia de cuando y cuánto podemos decir hemos tenido, de haberlo podido contar y palpar en el alma, en los dedos, en el estado de ánimo; esa benevolencia que pensamos es innata y propia porque sí son el previo paso al miedo, a esa palpitación que nos muestra quiénes o cómo somos cuando no estamos listos para casi nada y sólo lloramos como el niño que pide ayuda. Duermo a su lado y tengo miedo, aunque no duermo porque escribo y temo que la pérdida me haga un ser invisible o me haga darme cuenta de que he perdido a muchos invisibles en el trayecto que han dado pie a mi actual discapacidad para, todo hay que decirlo, perder el miedo.