viernes, 21 de septiembre de 2012

Bestiario

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
El dinosaurio
Augusto Monterroso
 
 
Habían tres moscas dando vueltas alrededor, no maté a ninguna. Venían y yo esperaba con el diario, las gafas sobre la cabeza y el dominó. Sólo pasaron tres horas, seis y puse la cafetera, cavé un poco justo al lado del antiguo columpio y pinté a mi último nieto. Después, se largaron las moscas y aparecieron los mosquitos, saqué la caja de cigarros y encendí las luces, comí alguna galleta y usé el cardigan rojo, ordené las fotos del último álbum. Dos semanas, tres meses, tampoco estaban los dos lagartos transparentes de la fachada y ordené la carpeta de los recibos. Dí una vuelta alrededor de la parcela y hasta saqué la basura; para entonces, el cerro estaba encogido. A los tres años cambié el sofá y me fui a la cama, desperté con 13 pastillas y Lolo ya no trinaba. Pasé una década pagando y cerrando cuentas y hasta llamé al notario. En las bodas de oro, cambié las lámparas y el buzón; me trajeron un andador. Toby desapareció y era muy viejo. Habían algunos gusanos sobre mi, no pude matar a ninguno.
 
 
 
 

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