martes, 25 de septiembre de 2012

Deseo miserable

Primero quitaremos la chaqueta y la camisa, lento muy lento para disimular que no hay prisa o que hay demasiada. Después, pondremos la venda en los ojos y con el tacto adormecido tocaremos la piel igual que otra cualquiera desnudando el cuerpo pero nunca el alma; los dedos quemados tocan igual una piel distinta. La lengua, con sabor a tabaco, tampoco sabe a nada, sólo a veces a tiempo. El ser humano necesita abrazos, quedarse quieto antes de despegarse del miedo; la inteligencia debe aprender a esconderse en los recobecos de la nuca, los brazos y las rodillas para inventar nuevos territorios donde llorar o reir hacia dentro. Si la luz aparece, despertar ágiles antes de desayunar con el tumulto de una esperanza.
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario