jueves, 6 de septiembre de 2012

Los sordos también conversan, amor

¿Y qué le dirías?

Le diría que busque la oscuridad, que le sienta bien incluso cuando la lleva por camisa, que se vaya, que desaparezca y no hable y no tenga forma, ni apellido, ni palabra, ni rostro, ni nada. Le diría que se ha hecho tarde y que duermo porque es mi obligación porque él nunca me habló de hacerlo porque sino hasta eso hubiera abandonado y no habría vuelta atrás para perder la memoria, el buen humor y las carnes. Le diría que deje de nadar contracorriente, que está cansado y puede quedarse tranquilo boca-arriba en medio del mar inmóvil –tal vez le aparezca la sirena- mientras yo me alejo aún con sus huellas en la orilla de la playa y una tremenda picazón en mis ojos, que se quede tranquilo, le diría…y después rogaría por una plaga de medusas blancas.


¿Qué no le dirías?

Q con luz o sin luz tiene siempre la misma figura -que no calma- y el mismo gesto y no se puede quemar ni con el flash abrupto de mi cámara porque hasta en ella reside algunos días. No le diría que la sensibilidad he descubierto que la tengo a medias y que no me gusta su sobre-exposición, ni el egocentrismo ni la idealización que me profesaba pues ambos sabíamos en el fondo que era falso. No le diría que fue mi maestro de tantas cosas y a la vez mi peor alumno de casi nada. No le diría que resopla siempre cuando la vida le sonríe y que de tantas críticas puede que le salga pluma o se quede sin voz o sin lengua.

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