jueves, 31 de enero de 2013

Una de los ochenta


Tengo treinta años y mucho esfuerzo sobre mi mente y mi espalda. También tengo dos licenciaturas, un Máster y domino tres idiomas, tres más que ningún presidente de los que ha tenido España, sobre las carreras y la formación de nuestros políticos ya ni entro y de nuestro pueblo más aún. Esto no es nada distinto a la mayoría de mi quinta, no soy un caso aislado, ni mucho menos. No soy funcionaria porque en su momento así lo decidí y acabé la carrera que más me ilusionaba justo en 2008 con el inicio de la crisis. Tras esto, acepté un trabajo basura para poder mantenerme mientras hacia un máster en otra provincia española. También de trabajos basuras podría darles a ustedes un máster, los de mi quinta somos especialistas y aún hoy el rollo del mileurismo es casi ser un afortunado. Fuimos la generación de los cambios y de las miles de leyes en educación que se hacían y se deshacían cada cambio de gobierno y aún así soportamos el cambio de la EGB a la ESO, los bachilleratos de prueba y la adaptación al maravilloso plan Bologna. Mientras tanto, estudiábamos, hacíamos prácticas o doctorados basados en un futuro lejano y nos estresábamos haciendo cursos para engordar un CV que debía permitirnos alcanzar unas condiciones soñadas para nuestros padres, los cuales en su mayoría, -aunque no en mi caso-, siquiera tuvieron la oportunidad de ir a la universidad porque a los 14 años ya se encontraban trabajando de aprendices en cualquier cosa, había que llevar dinero a casa o cuidar a los hermanos pequeños. Pagamos cursos, matrículas, pisos y demás con la idea que en algún momento tras miles de cursos, prácticas alcanzaríamos un trabajo a la altura del esfuerzo nuestro, de nuestros padres y del dinero que mi PAÍS se dejó en mí a lo largo de toda mi andadura académica. ¡Qué tiempos aquellos! La realidad hoy es otra: fuga de cerebros, desempleados por millones, rescate de financieros y bancos y no de personas, reducción en I+D, euro por receta y casi, y esto es verídico en mi caso, casi ya no tenemos ni médico con seis años cotizados a mis espaldas y sorprendentemente, cotizados en España. Y sin embargo, ahora resulta que es otro estado como Reino Unido el que aprovecha la inversión de mi querida España y aún dando gracias. Los emigrantes, que lloramos al decir adiós a amigos y familiares en las puertas de los aeropuertos, que nos marchamos silenciosos con muchos miedos y presión y todos nuestros inútiles títulos en la maleta, recordamos cada día nuestro país, nuestro sol y nuestro suelo, nuestra vida y nuestros sueños y señores, nos cagamos en todo y en todo lo que está pasando en todas las comunidades autónomas, un país que no cuenta con los más formados para reconstruirse, que no nos pide consejo, que deshace más que hace últimamente y que entristece a todos lo que les rodean. Y si no, paséense por los centros públicos para ver los ánimos generales de los ciudadanos y de los servicios. Nosotros, con nuestras carreras, nuestros idiomas y nuestra titulitis, recordamos cada día nuestro país y el esfuerzo de nuestras familias para que ahora lo aprovechen otros y de forma muy barata. Cada día cuando en el desayuno consultamos los medios de España, nada bueno, sino la panda de chorizos que nos representan, que se están cargando los servicios públicos que se enriquecen a costa de privatizar servicios y que declaran de IRP 3000 euros a Hacienda. No son buenas noticias lo que nos llega aquí, no. Y esto en el mejor de los casos los que hemos podido ir a otro país y gastarnos otro tanto en asentarnos mientras siquiera nos contratan. En muchos aspectos, siempre tuve mucha suerte y doy gracias cada día por la familia y los amigos que tengo, pero cuántas familias están hoy en día teniendo dificultades para que no les corten la luz, para comer o para poder pagar los últimos meses de sus hijos en la universidad, pues ahora resulta que estudiar en Francia una carrera es seis veces más barato. Francamente, la nieve y la lluvia nos cala casi todo los días los huesos a los emigrantes o como yo prefiero decir: exiliados por las malas políticas españolas pero, nunca nos calarán tanto como la tristeza de pensar que ya nuestros abuelos fueron emigrantes y nuestros padres se esforzaron para que tuvieramos una formación a la altura de Europa para que ahora no sirva siquiera para sacar a nuestro país de la crisis. No se, no se cuanto más tendremos que aguantar los ciudadanos para decir basta a tanta gente corrupta, sin formación, sin idea y con mucho despropósito conduciendo el barco de esta España que tanto costó poner al día. Somos, me atrevo a decir, la generación de los ochenta la más preparada, la que camina por las calles de ciudades de otro país intentando encontrar un curro que le haga sentir a los nuestros que no todo está perdido. A los políticos españoles, ¿cuánto más necesitan entender para ponerse a trabajar de una puñetera vez por nuestro país y dejar de robar?

miércoles, 30 de enero de 2013

The artist

No me importa. De veras que no me importa no reconocer su cara y mi cara en los espejos, no lo necesito. Hace meses que camino por calles distintas y apenas utilizo ni los espejos ni los retrovisores, como si no existieran, mi mente está llena y tengo miles de imágenes inventadas y de recuerdos. Hay demasiadas cosas para perder el tiempo mirándose sólo por fuera. Aún así, dice el Señor Hays que tengo que observar los círculos rojos que dibuja siempre en el lado derecho de sus cuadros que es ahí donde estoy y donde me encuentro, -tardé algún tiempo en verlo, lo admito- pero, ahora me parecen mios, sólo que yo siempre le digo que no soy un círculo, ni un cuadrado, ni ninguna figura que esté cerrada, quizá una línea infinita, pero no una figura cerrada. Cuando miro las líneas de sus últimos óleos, me pregunto quien más me acompaña en los trazos pero tampoco necesito saberlo, algún día se presentarán sólos... Tengo claro que yo estoy y que él cuenta conmigo y que yo no necesito mirarme en los espejos y retrovisores para saber cómo soy y dónde estoy.

martes, 15 de enero de 2013

Zorros & foxes

Hay silencio, una noche llega y se queda mirándote -fijamente- y te despiertas en un viaje extraño como si no fuera contigo. Alrededor, todo parece otro idioma pero aún no has comenzado a hablarlo pero si que observas y aprendes que sin hablar puedes vivir en cualquier parte, aunque no te entiendan pues cuando hablas, no siempre te entienden y puede que incluso en tu propio idioma. Y es de noche y llevas guantes y ahí está, mirándote con curiosidad, la misma que tu tienes hasta que descubres qué es, o quién es, es un zorro y ni siquiera te desafía y tu no tienes prisa ni agobio porque sabes que se irá -y hasta te parece precioso- y le das permiso y él te lo ha dado ya a ti.Y así lo hace, tranquilamente, parte hacia otro camino donde no tiene que huir, para ninguno es necesario, es un acuerdo, es un saludo y un adiós. Mañana nieva y seguirá haciéndolo toda la semana.
 
 

martes, 8 de enero de 2013

Quotes

 
Nos movemos. Nos movemos realmente rápido y en varias direcciones y casi nunca nos mareamos pero a veces, lo hacemos. No somos capaces de mantener la mirada fija y seguimos, seguimos, seguimos, seguimos...seguimos caminando porque es lo que hay que hacer, porque no hay tiempo...¿no hay tiempo?...Y llega ese momento en el que nuestro mareo es incontrolable y estamos debilitados incluso ante el día y ante la luz... y los pies no aguantan, no hay equilibrio.
 
Cuando la deshidratación de los sentidos sólo permite dormir, comer y observar y ninguna de estas cosas somos capaces de hacerlas bien -porque estamos nerviosos, asustados, tristes- tenemos que parar...Crecer es a veces tener que abandonar la espiral para mirarla desde fuera y descubrir que la mitad de aquellas cosas que eran el motor de nuestro movimiento y de nuestro mareo no tenían sentido, no eran siquiera nuestras, no eran aquello por lo que un día decidimos comenzar a caminar.
 
Algunos despiertan cada día con el preparados, listos, ya! Y realmente creo que, de estar preparados, no correríamos, NO!, porque sabríamos cuando ha llegado realmente nuestro momento, sin forzarlo, sin perder las fuerzas, sin dejar de sentir cada segundo las cosas que importan; sin estar asustados por perder o por ganar porque eso no es lo importante; porque prepararse es conocerse, es proyectarse, es luchar por un reflejo con las posibilidades de haber entendido nuestro bioritmo y ser conscientes de las limitaciones, de las fuerzas que podemos dejar en el camino y las que no.
 
Era necesario hacer la espiral para abandonarla un día y no volver jamás. Es necesario entender los paréntesis.