martes, 9 de abril de 2013

Niña mala


(...) Durante un rato estuvimos sorbiendo nuestras tazas de café, en silencio. Mi croissant se había quedado intacto sobre la mesa y Paúl, empeñado en bromear, me dijo que, como por lo visto algo me estaba quitando el apetito, él se sacrificaría  dando cuenta de esa crujiente medialuna. - A donde voy los croissants deben ser malísimos- añadió. (...).
Mario Vargas LLosa.
Travesuras de la niña mala.

Y por eso pedí cualquier cosa en aquel bar y me pusieron cualquier cosa que resultó saber malísimo. Tenía compañía durante mi comida y estuve escuchando con el mismo placer con el que me llevaba el tenedor una y otra vez a la boca: ningúna vez sabía aquello mejor que el bocado anterior pero, seguía insistiendo en la técnica para ver si los movimientos disuadían el sabor o el ruido. Al partir un trozo de pescado, y hacerlo añicos, uno tiene la sensación de estar descomponiendo las frases como lenguaje para ver si así, en pequeñas porciones, tiene más sentido que una terraza en pleno diciembre. Es absurdo; aún así lo intentamos pues aunque uno deje de fumar, nunca deja de haber sido fumador, ni de escuchar lo que no quiere o no le entretiene; ni de comer de vez en cuando cosas malísimas con insistencia. Así es el ser humano, se empeña en insistir en la compañía de ciertas cosas muy perjudiciales.

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