miércoles, 24 de julio de 2013

1. Periodo de lactancia

Apretó tan fuerte sus dedos que un grito se escapó por el paseo. Se quedó mirando un rato el horizonte entre el azul de su mano y el rojo del cielo que avisaba tormenta. Aún quitándose la arena de los pies y con las llaves de casa sonando en el bolsillo, quería evaporarse como el agua de aquella playa, al menos, durante unas horas, desaparecer, como lo hacía al mirar los cuadros tridimensionales de la Estatua de la Libertad o de la Torre de Londres que con quince años comprase a unos metros del puerto. Empujaba un carro, una enorme bolsa y unos cuantos cubos de plásticos sin que existiesen horas, sin que las horas -si existían- fueran diferentes...Era posible dar de comer entonces sin tener ningún tipo de hambre. 


TS2

Conocí a un hombre que casi fue domador de fieras. Sabía donde encontrarlas, cómo hablarles y como observar sin molestar. Nunca pasé con "el domador" el tiempo suficiente, marché sin leer sus diarios, pero sé que le hubiera gustado alcanzarme.


ST1

Puedes romper cuantos frigoríficos quieras, no va a hablar. Podrías aporrear todos los muebles del pasillo y también los de la habitación pero ya se ha quedado muda. Quizá si rompes los cristales del cuarto de baño y la televisión enorme de pantalla casi plana del salón tengas un pequeño ruido de cansancio, de esos que se escapan por aburrimiento entre las comisuras. A estas alturas, ya has hecho tanto ruido y hay tantas cosas tantas veces hechas pedazos por el pasillo... que ella sólo quiere tú silencio. Mientras haces llamadas, te conectas a Internet y escribes, todo para denunciarla y con poca suerte insultarla, ella te mira siempre sin perder el gesto firme. No puedes agarrarla, ni tocarla, ni te atreves casi a arrancarle lo que lleva en el puño derecho. Cuanta energía y cuanto tiempo, aún así lo gastas.  Sabe tanto y quiere compartir tan poco, que más te vale no usar el nombre del amor para referirte a ella; pero ya es tarde, estás tan cómodo que si no abre la boca revientas, como lo haces cada tarde como castigo. Puedes romper cuantos corazones quieras también mientras tanto. Se ha quedado muda pero no puedes aún con ella. 


viernes, 19 de julio de 2013

De seguir

Al subir diariamente por la cuesta no siempre somos conscientes de que lo es, estamos tan acostumbrados... No hay tiempo para mirar bien o para pensar en los gemelos. No queda mucho tiempo para soñar o para pensar en lo que no decimos. Al ejercitar los brazos y las piernas el cerebro y otros músculos pueden estar en otras cosas y nosotros sólo caminamos porque hay objetivos que cumplir. Pero a veces, cuando hace calor, bebemos agua en mitad de la cuesta y al mirar en todas las direcciones todo parece distinto, pensamos un poco en la vista, en el ruido y la gente de alrededor, imaginamos como serían los detalles del puente, de la calle, del que cruza al lado, imaginamos como sería no subir por la cuesta con tanta frecuencia. Al beber las últimas gotas de la botella, pensamos que quizá ni siquiera conocíamos tan bien la ruta aunque pudiéramos ya subirla con los ojos vendados. Si la ruta se hizo en coche y a velocidad, al cambiar la marcha,  las dificultades son otras y el motor empieza a hacer ruidos extraños, el conductor empieza a desconfiar de que en algún momento el coche se pare...o de que haya cogido ya el punto óptimo para subir sin dañar. Hay que llevar cuidado con las señales que aún no están en la ruta pero es difícil imaginar aún cuáles son las que habitan en las mentes de los agentes de tráfico. 





martes, 16 de julio de 2013

A Sergio


Me dice Sergio que echa de menos España, que echa de menos a sus amigos, el tiempo y el trato de sus compañeros. Sergio es un niño y yo la adulta. Me pregunta Sergio por qué no puede dar él español, de hecho hay nativos que también lo dan. No lo sé pero nos hacemos amigos rápidamente. Sergio es pequeño y menudo...-como si se dijera todo de algodón-... y sus enormes ojos azules mecen la dulzura de su tono. Ese tono que embauca y arranca de nuevo la confianza, la ilusión de que hay muchas cosas que no están perdidas pero que, para que no se pierdan, será difícil que no se lleve más leches de las que debería. Viene empapado porque hace calor y me dice que le gustaba muchísimo la iglesia de Moguer y que es Juan Ramón Jiménez el poeta español que reconoce de su pueblo y que le gusta mucho que se lo recuerden. Tiene diez añitos y ni me lo creo. Tal vez ningún español de 10 años sepa esto si no vive allí, pero resulta que Sergio es pequeño y es portugués y también rumano y ahora vive en Reino Unido porque no le queda mas remedio y aunque no quiere, no hay tu tia, allí se queda porque hace falta dinero. Y esto me lo cuenta él, que es un niño, y yo quiero pensar que volverá rapidamente para allá, que debe volver allí y que hay que darles ilusiones a los niños, esto lo pienso yo que soy la adulta. Sergio es menudo y delgado y educado, tan educado que me cuenta en español y entre dientes lo maleducados que son sus compañeros y que no lo entiende... y que no tiene muchos amigos porque no es fácil pero que, sin embargo, se lleva muy bien con amigos polacos, lituanos y de estonia. Estos al parecer también son mucho más educados. Y él, que es el pequeño y que habla portugués, rumano, español e inglés, me cuenta que está aprendiendo polaco porque quiere tener un buen empleo. Yo lo miro, me dan tantas ganas de abrazarlo, de cuidarlo, de cagarme en el mundo que es así de extraño y a la vez de agradecerle al mundo que haya personitas como él que crean que los grandes también tienen nombre español como el de Juan Ramón Jiménez. Yo mientras, intento hacer que zoquetes, sin el más mínimo interés saluden en un español un tanto comprensible...Le pido que espere antes de subirse a los quads y me explica Sergio que sin duda lo hará porque no quiere enfadar a sus compañeros, yo lo colaría pero Sergio es el niño y yo la adulta. Sergio es el niño, Sergio es el futuro...y yo, yo soy la adulta que no entiende por qué existen otro tipo de niños...que sigue repitiendo la frase de calimero, un dibujo de niños: "Es una injusticia"...

Se llama desigualdad

Mirar desde arriba y escuchar lo mismo, no comprender que hay gestos y caras que tienen un duende, un alma especial, unos ojos con pestañas que no todo el mundo puede tener, ni siquiera ha visto. Aprender desde abajo arriba, a fuerza de huir, de replantearse la llegada a fin de mes y las oportunidades, arrancar lo importante de las manos y hacer creer que lo que de veras cuenta es lo que espera tras el futuro, que ni siquiera es una estrategia sino un circuito de spa como el que se vende en el folleto del resort que no ha llegado a finalizarse mientras la inversión ha quedado por el camino, en quién sabe qué manos. Oportunismo de lo inoportuno cuando al hablar más lenguas que nadie, la matemática no da la suma standar para alcanzar el top set que se espera de las ciencias exactas o del hecho de ser una gran persona o una personita con gran educación que se echa en falta pero que, evidentemente no mueve el motor económico de una gran potencia maleducada hasta la espina dorsal y sucia, sucia como el sistema de injusticias que engorda cuentas bancarias.
 
 

jueves, 4 de julio de 2013

4 semana

¿Y de todas maneras qué puedo hacer si no puedo traer el sol ni preguntarle a ninguna de tus lunas;
Si estoy contigo en un no-espacio y hablo al aire que llega con suma velocidad a tus manos, ni siquiera a tus oídos; Si pienso en voz alta en calles que empiezan a conocerme -y no a ti- y sólo escuchan mi versión del cuento, de la comedia o el drama? ¿Y de todas maneras qué puedo hacer si no puedo convencerte, ni enfadarte, ni arrancarte una carcajada en el justo momento que lo mereces o lo necesito y he de esperar, que esperando, nadie desista y se convierta mi cuento, mi comedia o drama en realidad?