viernes, 2 de agosto de 2013

Puertos

"El mar está tranquilo. El muchacho tiene resaca. Bebió y volvió tarde a casa, con la esperanza de que la noche hubiera limpiado todo lo del día anterior, como hace el hígado con el licor barato. 
Mojó las manos en el mar y humedeció los párpados, apretándolos con la yema de los dedos. Al abrir los ojos, tuvo la sensación de que habían pasado los años. El mar se había oscurecido con el color turbio de un vino peleón. Miró al cielo. No había nubes. Pero fue aquel silencio contraído lo que lo alertó". 
¿QUÉ ME QUIERES, AMOR?
Manuel Rivas

No señora, la luna no habla. Ni los astros serán capaces de decirte cómo te irá mañana cuando cojas el coche y no vuelvas hasta las nueve a casa. No son las vecinas las que te contarán lo que sucedió, ni tu reloj irá marcándote el ritmo aunque funcione a la perfección y lo coloques en su sitio cada mañana y cada anochecer. No será tu perro quién te alerte de los ladrones ni de los amigos que llaman de continuo al timbre rompiendo la rutina de tu familia. No será el sol el que te queme los ojos, ni la pantalla del ordenador. Tampoco contarás con la inestimable ayuda del ayuntamiento para ponerte las multas por desorden u orden público mejor dicho. No serán las cadenas de los penitentes las que escuches el martes santo, ni las que pesen en la cuesta, en la bajada en la espera. No señora, los órganos no hablan. El cerebro no controla, el corazón no siente. Las manos no agarran y tampoco la lengua sabe más que de comida. No señora, la playa no calma, ni el agua quita la sed pero los oídos...Los oídos ya saben demasiado.


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