jueves, 28 de noviembre de 2013

Y así por error



Y así por error no cerramos bien el grifo o no cogemos la llamada a tiempo. Por error no cerramos casi nunca la puerta o nos dejamos las llaves dentro, por error no llamamos al número que queríamos o por error decimos lo que no queríamos y nunca enviamos el sms. Así, sin darnos cuenta, por error quemamos la comida y a veces la cocina y explicamos que todo fue un error. Por error cogimos el abrigo que no era nuestro o la carpeta equivocada y por error nos tropezamos dos y tres veces por la misma avenida y por error se nos caen las bolsas o las pestañas. También nos quedamos callados y hablamos demasiado, todo por error. Por error nos cuesta estirar los brazos para agarrarnos, por error lanzamos las pinzas al patio del primero pero nos gusta verlas caer junto a los paños de cocina que cayeron hace ya algunos días. Por error nos ponemos los vestidos cuando hace frío y las cuatro mangas cuando la calefacción está demasiado fuerte. Y así por error corremos y por error esperamos demasiado y por error cuando creíamos haberlo perdido todo, por error nos reencontramos.

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jueves, 21 de noviembre de 2013

Por sentirnos vivos

No he llegado a deshidratarme tanto como para sufrir un espejismo real, pero como todos, se a ciencia cierta que también los ha habido en mi camino y que en cada uno de ellos se ha quedado de mi, algo más que fuerzas y agua. Más allá de quedarme mirando mi propio delirio, o de sentarme a malgastar los pocos recursos de mi organismo, he tenido la fuerza, muchas veces desconocida, de continuar hasta llegar a una sombra, o a una cueva  o a la carcajada más próxima. La suerte, además, es haber encontrado en estos lugares de paso obligatorio el tipo de abrazos, de risas, de mensajes y de apoyo que siempre he encontrado. ¡Qué bien...qué bien...!


sábado, 16 de noviembre de 2013

Y eso que cuando atardece




(...) Ahora dirás que se me ha hecho tarde, que fuimos demasiado cobardes.
Que yo te esperé y tú desesperaste entre tardes fugaces. 
Se hace de día, en una ciudad que no es mía 
Y la chica que duerme a mi lado nunca sabrá que existías. 
Jamás se hablará de ti en la comida, 
y eso que a veces, cuando atardece, pienso en la vida que voy a perderme (...).

Carlos Sadness con Iván Ferreiro- Siempre esperándote


domingo, 10 de noviembre de 2013

What I want

" (...) De todo esto tenía Sofia Petrovna clara conciencia, hasta que le dolió el corazón, y si en ese momento se hubiera acercado a Illin y le hubiera dicho "¡no!",  en su voz habría habido una fuerza a la que resultaría difícil doblegarse. Pero no se le acercó, no dijo nada, ni siquiera pensó hacerlo...(...).
La desgracia. Cuentos imprescindibles. Anton Chéjov.


A propósito de ello, tragó agua y comenzó: nada especial que lo es todo. Si vamos a mudarnos tendremos que embalar todo aquello que trajimos hasta aquí y deshacernos de otros tantos. Coloca esa risa y también tu enfado, ése ya transformado en palabras y cálmalo con tiempo, para que no rompa los viajes o las sorpresas para que no hiera sin querer, para que no se enquiste por los vacíos; explótalo con el papel de burbujas y déjalo junto al recibidor. Trae los libros y también las reuniones, trae los abrazos y las bromas pero, no olvides que las dudas hay que descongelarlas, revisarlas y freírlas sin aliño y en la mayoría de los casos, podridas, bajarlas al contenedor. Trae los sábados de desconcierto, las cenas improvisadas, los paseos en el campo o la locura del supermercado; dejemos el domingo para la calma. Metamos pues, los cursos tuyos y míos en espacios distintos, así como las compras de lo que no nos ha de interesar, o los cafés con los amigos. En ese cajón grande, coloca tus alegrías, tus sueños y debilidades. En el de la izquierda, haré lo mismo, a la misma altura, donde podamos verlos cuando sea necesario para recapitular. Dejemos espacio para el aprendizaje en este armario, también en el salón, junto a las películas y la música. Dejemos habitaciones sin pintar, habrán más voces que necesitarán también su espacio. Agarra, por favor, esta maleta con todos mis miedos, o los que recuerdo, vamos a abrirla hay que deshacerse de ellos, son viejos y no sirven. En la caja gris están los tuyos te propongo hacer lo mismo. ¿Qué quieres que te cuente?- mientras esperamos el camión-nada especial que lo es todo. 


sábado, 9 de noviembre de 2013

Para cualquiera que vaya vestido de mármol


El milagro que todos esperamos

espera que el Partenón se derrumbe
y la casa de los cumpleaños ya no sea una casa 
y los padres no estén envenenados de renombre.
Las medallas y los archivos de abusos
no pueden ayudarnos en nuestra peregrinación hacia la pasión,
pero como látigos que ciertos perversos no utilizan jamás,
compelen a nuestra carne a una confianza paralizada.
             Veo un huérfano, sin ley y sereno,
en pie en una esquina del cielo,
un cuerpo parecido a los cuerpos que han sido,
pero sin la cicatriz de un nombre en su ojo.
Criado cerca de los hornos, está quemado por dentro.
La luz, el viento, el frío. la oscuridad -le utilizan como a una novia.

Leonard Cohen



Able

Llegó tarde, llegamos tarde pero no llovía. Nos sentamos enfrente, sobre la roca, en silencio. No abrimos la mochila, ni sacamos la cuerda, ni nos dijimos las cuatro cosas que ambos teníamos pendiente. Nos sentamos justo delante del hueco, delante de ese abismo que había en la ruta. Hacía demasiado viento y estábamos tan alto que nos concentrábamos en el equilibrio, en escuchar su ruido y en mitigar el impacto al chocar contra nuestros abrigos. Se fue el sol y no tardaría en irse la luna, y seguíamos allí mitad congelados observando el hueco, esperando quizá lograr ver la erosión, entender el cambio, ser capaces de constatar que algo podía limarse y con suerte allanar el camino para pasar al otro lado...El hueco debía desaparecer y los expertos nos habían dicho que era cuestión de tiempo, después de tantas consultas era en lo único en lo que se ponían de acuerdo...Tras unos años, mi acompañante se levantó -sin mediar palabra- y se marchó. Yo me quedé firme en mi posición, no tuve la oportunidad de decirle adiós pues mis labios estaban ya demasiado resecos así que, en mi mente inventé una bonita despedida. Yo me quedé, esperando y esperando con la confianza del creyente en milagros. Con la esperanza de ver el hueco menguar, de ver que podría desaparecer esa fractura.


viernes, 8 de noviembre de 2013


(...) Me gustaría preguntarles

si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.



Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,



una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,



que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado (...).

Fragmento de Amor a primera  vista.
Wislawa Szymborska.




miércoles, 6 de noviembre de 2013

El último acto de reir

Y de veras que me río porque de haber dado tanto ya no me quedan ganas de blasfemar o de ensuciarme. De veras que me río porque existe un instinto destructivo capaz de crear tanto y a veces, tan bueno, que da igual que conserve "al vacío" las mejores virtudes y preserve con hongos la belleza de cierta honestidad. Me río pues hace tiempo que sé que ya casi todo está en entredicho y sólo puede ser el resto algo divertido, un clown, payaso de tacto, acciones y besos.Y si queda algo, lo guardo en mi risa para aquel que se ría también de lo mismo, conmigo.


De camino al próximo invierno

"(...) Con objeto de hacer lo que haces, necesitas caminar. Andando es  como te vienen las palabras, lo que te permite oír su ritmo mientras las escribes en tu cabeza.  Un pie hacia delante, y luego el otro, el doble tamborileo de tu corazón (...)". Diario de Invierno. Paul Auster. 

Es imposible dejar los cuadernos, los bolígrafos y los libros prestados. Imposible atravesar las partes de nosotros mismos al recorrer el país propio, el adoptivo o aquellos inventados en otros cuerpos y territorios porque también a ellos sin saberlo pertenecemos. Cuenta ninguna leyenda que al pasar por la Sierra Morena la aprendiz de todo quisiera volver a fumar y recuperar aquellos tickets dedicados a los amantes que nunca supieron serlo; y de paso, gritarles a todos aquellos que desaparecieron o son y fueron crueles, que nunca supieron de la dignidad de ninguna cerilla. Quisiera también retratar las manos arrugadas, los puños entumecidos, la tez morena, las caras cansadas y fumadores de sus pasajeros habitantes.También las leyendas dicen que es hacia el sur donde el espacio se concentra en su mente en forma de cuentos -con fotografías en trenes- que se cubren de filósofos atormentados. Esas mismas leyendas que acompañadas por la música de Beirut y literatura americana estiran de sus aspiraciones hacia el norte por Despeñaperros y la Sierra Norte la arrastrarán por poetas hacia la cultura celta de las autovías, donde el cine toma forma y se abandona -una y otra vez a sí mismo- por suerte, envuelta en abrigos, hielo en la calle compañía y largas noches de guiones mal secuenciados en acorazados e imprentas con todo tipo de actores y de sueños de futuros novelistas. Si de algún modo hubiese forma de recuperar los pasos, las velocidades, puede que las sillas ocupadas en aquellas cafeterías, aviones, trenes, autobuses y coches, quedaría claro que once años no son suficientes para cambiar la posición de nuestros cuerpos en ciertas ideas o experiencias pero aún así son suficientes para almacenar los capítulos necesarios de la necedad y la sabiduría...A estas alturas, también es casi imposible dejar las botas y los cuadernos abandonados en los cajones la Sierra del Carche y la Sierra Espuña, si acaso, habrá de retornar para poder descansar, aprender a purificarse y reconocer la calma en su mar menor....hasta el próximo camino o septiembre.








Contrato social


Byron sabía que era complicado mantenerte cayado con tres copas y buscó al camarero para acercar el cuarto vaso de scotch a tu mesa. No dijiste que no, así como el prisionero no se niega a permanecer ebrio ante cierto tipo de torturas. En la mesa de enfrente, una mujer escuchaba con detalle vuestra conversación mientras parecía hacer caso a una de las revistas vagas de moda y accesorios del mes. Era una más, una más a la que esperar ante el juicio final, ese que sin ser creyente, existe. Qué curioso, pensabas, a pesar de la cierta vulnerabilidad que se desprendía de tu mirada, de tus pasos para ir cada vez al baño, de los movimientos más agitados de tus brazos, aquel hombrecillo tardaba en reunir el valor para preguntarte todo aquello que llevabas horas deseando vomitar junto con la coca-cola de aquel güisqui barato. Lo apreciabas y aún así lo habías jodido, la habías jodido y deseabas explotar y abandonar el local, la calle y de paso aquella ciudad, no sin cierta parte de culpa y repulsión. Decidido cogiste el archivo, los papeles de la última operación y sacaste las últimas fotos. Allí en medio de la mesa, esparcidos sin control, algunos a medio salir y otros a medio esconderse, parecías haber diseñado un cuadro cubista de cualquier exposición del barrio latino pero con bastante menos belleza y más mala fortuna. Lentamente, levantó la mirada y con ella uno de los primeros sobres que permanecían entre vosotros dos: los dos mundos entre la realidad y la vida inventada,el placer o la necesidad. Lo observaste cuidadosamente, no queriendo perder ninguno de sus gestos para así guardar en tu memoria cada uno de los destellos de dolor que produjiste. Poco a poco, sus muecas, sus arrugas en la frente y en las comisuras fueron apareciendo. Después, los ojos se abrieron no por sorpresa sino por pánico y entonces, con la cuenta pagada, tambaleándote en espíritu y en cada uno de tus principios, abandonaste la sala bajo los gritos inyectados en lágrimas del que fue tu gran amigo. 


martes, 5 de noviembre de 2013

De la decepción a los puentes

Me preguntó directamente sobre lo que yo esperaba...¿Qué esperas?-dijo-. como pocas veces, no pronuncié palabra: quién sabe si por miedo, o si por la certeza de estar matando algo que casi ni había comenzado a nacer.Y también me preguntó ¿a qué esperaba?, al parecer estaba preocupado por las palabras que sabía podría masticar y no acababan de pasar por mi garganta. Admito que entonces, -y a veces tampoco ahora-, no era consciente de dar demasiado, sólo sentía frío, un abrazo horroroso en el corazón con un golpe seco en el pecho que me producía arcadas y una fuerte tos; un golpe que como un disparo de aire comprimido, -y con sangre- había impactado en aquel calor que creía haber sentido brotar de nuevo. 
¿Qué esperas?-dijo...Nunca espero...creí decirle, sentí decirle, creí confesarme pero no estaba segura de que valiese la pena. No estaba segura de haber consentido el juego de esa espera sin saber a qué esperar. Por un momento, revisé la punta de mis zapatos, miré el suelo y la acera que me mantenía. Observé el gris de las baldosas, el marrón de los sucios muros con chorretones, basura y chicles pegados que permanecían enfrente, y me di cuenta de que mis dedos o mis ilusiones eran los únicos que realmente se habían desplazado cambiando de plano, escapándose también a mi última norma de agarrar lo mio hasta no asegurarme de que lo que daba era valorado. 
¿Qué espero? dije entonces en voz alta...yo pensaba que en aquellos meses ya me había movido, que ya había cambiado el terreno, las costumbres, las palabras, las intenciones..pero agradecer sin esperar en aquella ocasión me convertía en pedigüeña y jamás fue lo mio...sentía que me había movido cerca de su perímetro...ahora se que al hacerlo debí quedarme inmóvil, junto con el impacto en el pecho y el malestar general. Triste en una estación de autobús con el vacío de una extraña soledad acompañada o de una compañía incapaz de darse por sí misma...
¿Qué esperaba?-dijo...no llegué a llorar...o si lo hice...la cuestión es que nunca me vio moverme...