miércoles, 6 de noviembre de 2013

De camino al próximo invierno

"(...) Con objeto de hacer lo que haces, necesitas caminar. Andando es  como te vienen las palabras, lo que te permite oír su ritmo mientras las escribes en tu cabeza.  Un pie hacia delante, y luego el otro, el doble tamborileo de tu corazón (...)". Diario de Invierno. Paul Auster. 

Es imposible dejar los cuadernos, los bolígrafos y los libros prestados. Imposible atravesar las partes de nosotros mismos al recorrer el país propio, el adoptivo o aquellos inventados en otros cuerpos y territorios porque también a ellos sin saberlo pertenecemos. Cuenta ninguna leyenda que al pasar por la Sierra Morena la aprendiz de todo quisiera volver a fumar y recuperar aquellos tickets dedicados a los amantes que nunca supieron serlo; y de paso, gritarles a todos aquellos que desaparecieron o son y fueron crueles, que nunca supieron de la dignidad de ninguna cerilla. Quisiera también retratar las manos arrugadas, los puños entumecidos, la tez morena, las caras cansadas y fumadores de sus pasajeros habitantes.También las leyendas dicen que es hacia el sur donde el espacio se concentra en su mente en forma de cuentos -con fotografías en trenes- que se cubren de filósofos atormentados. Esas mismas leyendas que acompañadas por la música de Beirut y literatura americana estiran de sus aspiraciones hacia el norte por Despeñaperros y la Sierra Norte la arrastrarán por poetas hacia la cultura celta de las autovías, donde el cine toma forma y se abandona -una y otra vez a sí mismo- por suerte, envuelta en abrigos, hielo en la calle compañía y largas noches de guiones mal secuenciados en acorazados e imprentas con todo tipo de actores y de sueños de futuros novelistas. Si de algún modo hubiese forma de recuperar los pasos, las velocidades, puede que las sillas ocupadas en aquellas cafeterías, aviones, trenes, autobuses y coches, quedaría claro que once años no son suficientes para cambiar la posición de nuestros cuerpos en ciertas ideas o experiencias pero aún así son suficientes para almacenar los capítulos necesarios de la necedad y la sabiduría...A estas alturas, también es casi imposible dejar las botas y los cuadernos abandonados en los cajones la Sierra del Carche y la Sierra Espuña, si acaso, habrá de retornar para poder descansar, aprender a purificarse y reconocer la calma en su mar menor....hasta el próximo camino o septiembre.








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