sábado, 25 de enero de 2014

Abandono

"Algunas personas confunden el amor con la debilidad. Al contrario, las personas que aman suelen ser las más feroces y las mejor armadas de cara a la batalla...porque les importa preservar y proteger la poesía, las sinfonías y las ideas, los elementos y las criaturas, los inventos, los sueños y las esperanzas, los bailes y lo sagrado...todo lo bueno que no puede dejarse borrar de la faz de la tierra para salvaguardar a la propia humanidad". 
Clarissa Pinkola- Estés.

A eso de las 18 horas sonó el teléfono. Lo cogió. Quedó muda. Normalmente hubiera tenido unas cuantas frases mecánicas que añadir pero no pudo. De repente, su estómago, ese estómago normalmente quejica y encogido, la golpeó sin tregua encorvándola en mitad del salón. Hubo de sentir el dolor por el dolor para contactar con el tiempo, con la pérdida inconsciente del mismo. Sus ojos inyectados hablaron solos durante un largo rato hasta que pudo dirigirse lentamente al cuadro de la entrada. Desde la mirada clara-oscura del lienzo recordó...vio a la niña del cuadro, la que quedaba en la sombra, en el rincón, con el lazo azul y el pelo rubio. Recordó posando los ojos sin mirar, perdiendo la cuenta de los minutos y de las lagrimas. Entendió el precio de ciertos miedos mientras su corazón crecía y su respiración se ahogaba. Esperó entonces al último aliento en sus pulmones para tragar saliva. Cuando hubo recuperado la fuerza en su columna, se irguió, apuntó la última palabra y cambió el cuadro de sitio para que se viera con más luz...ya lo había aprendido.










martes, 21 de enero de 2014

Empiezan a congelarse las telarañas de nuestro jardín

P.J.H

Empiezan a congelarse las telarañas de nuestro jardín,
como se congelan los recuerdos, los encuentros o las palabras; 
hasta que un día, por el peso del hielo, 
se desprenda y se rompa finalmente.
Para entonces, ni siquiera quedará la maraña,
la tela, aquellos líos de hilos o hilos de líos que nos hicieron.


domingo, 12 de enero de 2014

Atención focalizada

Y es cierto que todo se une cuando pensamos únicamente en ese todo.

Hace algunos meses me acerqué a un teatro tras el nombre de Samuel Beckett y la expectativa de Ah, Os Dias felizes. Al salir del teatro,tras un monólogo de dos horas en portugués pensé en esa actriz inmovilizada, en todo lo que cada día no se siente de cabeza para abajo. Y analicé la más dura de las tristezas que es la que solo sabe de palabras.
Llegué muy tarde a mi hotel, tal vez porque me perdí y tal vez porque dándole vueltas a las cosas mi paso era muy lento y sólo quería divagar y fumar y recordar y soñar un futuro. La cuestión es que tampoco entonces pude dormir. En la mesilla siempre me acompaña algún libro cuando viajo; y seguí con el capítulo que tenía a medio de Oracle Night. -Me resulta curioso que siempre aparezcan escritores y editores en casi todos sus libros o por lo menos personajes con tintes de escritor y que, en esa especial manera de describir su individualidad, tengan una sensibilidad que asusta o al menos, me asusta-. Antes de apagar la luz, repasé aquellos años en los que para mi el teatro, Beckett y Auster eran la asociación de un sueño común. En los que aprendí del concepto de genio y creí conocer a algunos cuyo único elemento común es, mirando ahora atrás, el desorden. Pero siempre he pensado que el desorden es el fruto de sentir demasiado y ser demasiado conscientes del hecho de vivir.
Acabé Oracle Night en el vuelo de vuelta a Londres en el que, ya que se hablaba de la relación de una pareja, decidí dejar de enamorarme fugazmente -como si eso fuera algo factible- y en el que por fortuna, tuve a la pareja más empalagosa del planeta a mi lado. Supongo que también eso era amor del que yo no entiendo, tampoco...Lo importante es que, al llegar a Londres y con la necesidad de hacer algo con mi tiempo que no fuera del trabajo, compré Sunset Park y justo en los últimos capítulos, apareció Happy Days de nuevo como cerrando un círculo. El genio recupera los vínculos con la misma obra...Recuperar vínculos...Es sorprendente, en la última fase de mi periplo Milles Heller se convierte de repente en George, en la última película que he visto y George es alguien que cerrando el círculo también conozco pues, el mismo me presentó a Beckett. 


miércoles, 8 de enero de 2014

Tunante

No lo mencioné, se me pasó con las prisas de solucionar cierto tipo de tristeza revuelta en mi mochila. Lo encontré en el metro de Porto, justo en la parada de Marques intentando comprar mi billete de vuelta camino del aeropuerto. Como siempre que uno lleva prisa, la máquina no funcionaba y no habían muchos sitios alrededor donde obtener cambio. Para colmo de males, tampoco había apenas gente. Intentó explicarme en inglés lo que yo ya sabía -y que bien hubiera entendido en portugués- sobre como recargar la tarjeta andante. Apestaba a alcohol y no llevaba la pinta más adecuada para pasar desapercibido a pleno sol y a la una y media de la tarde. Aún así, me hizo seguirlo al bar más cercano con la excusa de cambiar el dinero con un café bueno para mis nervios y mejor para su resaca. Conseguí mi cambio y de rebote, a un singular compañero de viaje. Me habló de los sitios en los que había vivido y sobre el próximo concierto al que pensaba asistir en Londres en Julio. Yo le hablé casi todo el rato en inglés hasta que por fin me cansé de tomarle el pelo y comencé a hablarle en español, fue entonces cuando me dedicó su mejor carcajada de fumador cansado. Creo que su guitarra sabía demasiado y aunque siempre he detestado a los tunos, admito que su manera de dirigirse a mi -junto con todas las pegatinas de la funda de su guitarra- lograron desconcertarme bastante. Todo él fue un brillante desorden en si mismo para un soleado domingo por la tarde; un desorden de risas que sabía de buena comida en Porto siendo de Lisboa y que, lucía unos simpáticos hoyuelos bajo los ojos enrojecidos y las canas de los treinta y tantos. Por amor, me dijo, vivía ya allí durante al menos siete años, por amor a todo llegaba a casa más bien tarde. Hablamos de la enseñanza en secundaria, deduje que también era profesor y obviamente, tunante; y de la situación actual de nuestros países que también obviamente se encontraban y se encuentran en una prolongada y decadente resaca... Me preguntó demasiadas cosas y era divertido, también muy inteligente. Yo solo le mentí al principio -no como siempre- y después nos despedimos. No había nada como llegar a casa siempre y cuando su mujer quisiera ya abrirle la puerta, dijo. Obviamente, no se refería a la mujer que le había acogido en el centro con guitarra y uniforme de tuno la pasada noche...