domingo, 23 de febrero de 2014

Ella

ÉL. Sigue siendo una medicina, la mía. Llegué como hago siempre, escogiendo el lugar para sentarme cómodamente: con espacio suficiente a la izquierda y a la derecha; sin tener que sonreír o mantener conversación con nadie, a lo Jack Nicholson en Mejor Imposible; sin morder o querer hacerlo todavía. No tengo rasgos antisociales sólo que he decidido, de momento, estar así...pero es bueno volver a ese punto donde conecto conmigo y con esa parte creativa que en mí que aparece y se esconde. No hace mucho entendí el mensaje de la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que quieres? Y esto me ha hecho esconderme para entenderme,  -y se que no es fácil de entender. 

Yo. Eran las 15. Llegué con demasiado tiempo, sin maquillaje y mucha taquicardia. Llegar temprano a los sitios me enfada, nunca supe el porqué, pero me sucede. -Se de algunos que reirían ante esto o más bien querrían matarme-. Y ahí estaba yo mirando de nuevo la gran pantalla viendo proyectores y anuncios de documentales, recordando algunos otros cines y lugares anteriores de todas las ciudades donde ya he vivido y a veces olvido. Estaba casi tumbada en mi asiento numero seis, abrigada hasta las orejas por el frío de los últimos veinte minutos caminando por las calles repletas de instrumentos y ropas vintages de mi nueva ciudad. Dicen que además es uno de los destinos turísticos más importantes de Reino Unido...es una ciudad bonita, si... es una ciudad de hipsters... también. Nunca supe de su existencia pero, aquí estoy. Yo que siempre quise vivir en Reino Unido; yo que ahora sólo pienso en volver a España (un pensamiento que va y viene de mi cabeza como las nubes diarias y que me crea cierto desorden: vivir en un país con la cabeza en otro es una batalla que tendré que librar más pronto que tarde). 

Ella. Tras un mes deseando ver la película me esforcé en no leer las críticas, ni ver trailers, ni nada. Quería enterarme de todo desde el principio, aunque sí sabía por donde iba el tema. Llegué con una mochila de experiencias en la misma linea de la película sin saberlo, así que era inevitable no abrir por tanto la bolsa emocional cuando empezaran los primeros planos de Joaquin Phoenix. No me podía decepcionar lo que estéticamente ya había elegido nada más enterarme de su existencia. Llegó un momento, es cierto que me salí del argumento por no creerme la relación con la máquina, soy humana. Pero está claro que los sentimientos de soledad, de dolor, de desamor, de la necesidad de comunicación o la falta de ellos, los agarré perfectamente en mi estómago. ¿ Es ahí dónde vamos? ¿Es así como podremos amar? ¿Tanta dificultad tenemos ya para crear vínculos, para hablar de los sentimientos, de ser honestos? En la consulta de mi psicóloga, esto es lo que parece, muchísima gente sintiéndose igual. ¿Y si todos nos sentimos igual, por qué no hacemos nada? Parece ser que los pacientes nos quejamos de lo mismo, de no encontrar gente con la que hablar de los verdaderos problemas o sentimientos. Parece ser que no sabemos acercarnos, tocarnos, ni siquiera hacer el amor porque solo sabemos follar, estamos distantes hasta de nuestro cuerpo. Ella dice que estamos muy mal educados en emociones y yo la creo, porque sólo veo bebés intentando conseguir la satisfacción sin saber siquiera erguirse. La diferencia es que los bebés sonríen bastante más, abrazan bastante más y tienen claras sus prioridades. Todos los que esperamos en la consulta, como todos los que nos sentamos en esta sala probablemente no sepamos mucho del amor, o peor de comunicarnos para llegar al amor.

Nosotros. Apenas nos miramos. Nos hemos usado, nos hemos cansado. Comamos palomitas y caminemos lentamente. Nos conformamos con cualquier cosa, incluso máquinas -al menos tengo a los contactos del whatsapp- porque tenemos una excesiva necesidad que no sabemos materializar. Se hacen pesado ciertos primeros planos, se hace larga la tristeza. La infidelidad es apta hasta para las máquinas, ¿Y este mensaje en Facebook?..., ¿Será la chica del sábado?, mejor lo borro antes de que me meta en líos...Voy a dejarla. 

Voy a dejarlo. Ya no nos molesta. Sé que hay otra, tal vez otras...No deja de mirar el móvil hasta en el cine. Habla conmigo y está el móvil, cenamos y está el móvil y desde luego yo estoy en frente, pero da igual, no me ve. Ya no me ve. Cómo es posible que no tenga ganas de hablar, que no me apetezca arreglarme o pintarme los labios ya. Lo he intentado pero ya no me queda ni desilusión. Me ha visto en mi mejor momento y en el peor. En este último era incapaz incluso de abrazarme. No quiero su casa, quería que quisiese una casa nuestra. Esto ya me da igual, tampoco ya lo quiero.

Sentía ira, no podía decirle claramente que estaba mal y ella lo estaba porque no podía esconderlo y sentía también ira, porque yo no le decía nada, porque yo veía lo mismo que ella destrozarse, desaparecer, o sea nuestro amor, pero no sabíamos si podíamos querer ya hacer nada. Tal vez ya no queríamos pero sabíamos que vendría el desamor y esto duele y viene también la culpa porque los fracasos son compartidos, siempre, en una relación. Ella sabe que no sabía decirle nada y su rabia era mi frustración, la mía, no la suya...

Apenas nos miramos, comamos palomitas, -ya no saben a nada tampoco-, iremos a casa y después nos diremos adiós, creo que está claro. 


My notesHer por orden de lo que más me ha gustado: imágenes en plano, color, música de Arcade Fire e indudablemente el argumento que no llega, sino que cala. Me metí de pleno en la historia, su estética me hizo soñar de nuevo. Me quedo con el momento en el que mis ojos se emocionaron al volver a analizar la película en planos, con esos planos detalles tan impactantes tan subjetivos. Yo, que soy una admiradora del color y sus interpretaciones, no hubo ni un minuto en que dejase de procesar la luz en los encuadres. Ese plano del agua cayendo en la ducha, los transfocados o el reflejo de la luz del sol en la playa en la lente. Era simplemente lo que necesitaba ver. Me encanta este director, que se le va a hacer, como diría mi padre: "tus películas raras, pero son las tuyas", todas ellas -I'm here; Where the wild things are-. Mis películas raras, con mis seres raros, que no son mios, sino de Jonze. Todos estos mecanismos como robots, inteligencias artificiales, monstruos, personajes de quión interactuando con los humanos pero con esa sensibilidad abrumadora que sólo el sabe transmitir y que siempre guarda también relación con los escritores o guionistas como en Adaptation o en este caso de un escritor de cartas de amor con falta del mismo. A nivel emocional me quedo con el reflejo del autor sobre la mente, la sensibilidad y la des-conexión entre las personas, esta especial relación de meterse dentro para entender y descomponer los distintos tipos de relaciones, de afectos, de comunicación o de felicidad; y reforzarlo con lo externo, la calidez-frialdad de lo estético de las tecnologías que construyen cartas de amor y que recrean psicólogos futuristas en cierto modo; de la luz, la irrealidad- realidad de realidades no existentes inmersas en un posible mundo dentro de pocos años. Los afectos en otra dimensión, el vacío de la comunicación y todo mezclado de emociones y de la búsqueda del amor, del perdón de la sanación emocional.

Ella era para mí. Ya es una de las mías. He vuelto a abrir mis ojos y mis oídos para preparar a mi corazón, algún día. 



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