jueves, 20 de marzo de 2014

Hay dos cosas que están claras: me gusta el cine y echo de menos lo que nunca tuve. Soñar se me da bien, desde siempre, desde que aprendí. Los adultos saben que los sueños son buenos cuando no son excusas, los adultos también saben que los sueños van disminuyendo por muchos motivos; y si no lo hacen, los adultos pierden la pericia de los días de cada semana, en cada mes, de cada uno de nuestros años. Jugar con el tiempo, en sueños, es prometedor, pero me pregunto si no asesina también ciertas pequeñas cosas que configuran el 90% de nuestra existencia real, esa que te golpea cuando te tropiezas torpemente en la acera mal pavimentada de camino a casa.


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