miércoles, 9 de abril de 2014

Un ticket, catorce años

Los pisos esconden todas las cosas, lo hacen por y para nosotros. Un día cualquiera después de varios años familiares, el piso pasa a ser tuyo y más tarde comienza la búsqueda del nuevo  propietario. Es entonces cuando lo miras realmente porque presientes cierto tipo de despedida. Y entonces encuentras todas las cosas que escondiste para encontrar cuando no doliesen; que buscaste y nunca encontraste. Un tercero con más de veinte años a tu espalda. Entras lenta al salón y aún sigue siendo aquel piso que tu decoraste y que conserva tus fotografías, los cuadros que compraste en otras ciudades y aparece aparcada en un cajón tu súper ocho de segunda mano. Observas los espejos, las fundas de los sillones como sí pertenecieran a la vida de otros. Te acercas extraña a tu habitación, ya sin cortinas, y a su luz siempre implacable...y fumas un cigarro como antaño en la galería que aún conserva algunas plantas que casi nunca cuidaste. Encuentras millones de fotos, películas VHS y algunos diarios que repasas a carcajadas, entre trofeos que ya no esconden, o el montón de revistas de cine que aún no te has atrevido a tirar y traen a la memoria muchos cafés y muchas ilusiones. Subes al trastero y apenas te mueves, no te atreves con el arca, aún no. Aún así abres el álbum de fotos de segundo de bachillerato y cae a tus manos un ticket del Prado con 14 años de vida y lo miras nerviosa...algo te dice que deshacerte de tu guarida no será fácil...
http://youtu.be/vNHc-PiSkVU

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