domingo, 21 de septiembre de 2014

Estado donde estar

"(...) He intentado escribir el Paraíso.

Que no os mováis.

Dejad hablar al viento
ese es el Paraíso." 

Cantar CXX
Ezra Pound


Está a la derecha sobre el radiador, a la vista desde el pasillo. Preguntan y difícilmente lo ven... el papel higiénico es ese, y es azul. Diez pasos más y el anfitrión está ahí, está a la derecha del salón y hay queso y trozos de masa y harina esparcidos, a la derecha está la ventana y no hay lluvia, no hay sol, no hay luces en la calle y sin embargo, nadie va a ciegas ni siquiera yo que desde hace poco padezco de vista cansada. Los más aventureros entran y salen de las habitaciones con el permiso que nunca pidieron y sonríen como si a mi me importase o me importasen. Habitación izquierda primero y derecha después-, me sorprende la perfecta geometría de mi posición para ver líneas de movimiento, vectores siempre infinitos. Observo desde el fondo, en sofá de cuero marrón, como la puerta de entrada y salida se abre y se cierra y miro solamente a todas las luces que se generan: pantalones ajustados, cortos, anchos, descoloridos, extremos de pantalones inexistentes... y faldas, tantas de ellas. Presto atención al acento, no a las palabras, y una guitarra arranca por encima de la música que continúa aparentemente sin estorbar. Mi sentido común me dice que es bueno hablar, participar aunque sea repitiendo la última opinión -vertida como el tabasco sobre un recién preparado alioli- pero al mismo tiempo, tengo la certeza de que todas y cada una de las conversaciones ya las he escuchado y podría repetirlas, y me aburre, me aburren. Justo a la izquierda del fondo miran conmigo todos los fantasmas que de vez en cuando me hablan y que están ahora tranquilos, arrogantes hacen muecas, como si supieran que tarde o temprano volveré a hacerles caso. La salida está a la derecha, la salida de los fumadores, justo en el balcón donde cae una y otra vez el vino barato al suelo y la saliva... siguen las ráfagas de viento frío y caliente de la  corriente y sin moverme, va ajustándose la temperatura de mi sangre a la de mi tiempo.


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