domingo, 3 de abril de 2016

Trenes

 “Emigrar es siempre desmantelar el centro del mundo, y mudarnos a uno de sus fragmentos, a uno solo y desorientado”.
John Berger, del libro  Our faces, my heart, brief as photos, 1984 traducido por María Luisa Martínez Passarge y Ramón Vera Herrera.


Compré un billete hace tres años y algo más. Fui en avión, no en tren, pero la metáfora sigue ahí. Eché horas, curriculums y esfuerzo. En menos de un mes tuve una oportunidad. Nunca fue fácil, pasamos la vida aprendiendo y cada vez más rápido. Lo malo de aprender es que cuando entiendes como funcionan las cosas, eres plenamente consciente de que en muchos casos te tomaron el pelo y probablemente, lo siguen haciendo porque sigues teniendo que aprender. Somos extranjeros y extraños, viajamos en segunda clase, lentamente, no siempre de forma segura pero gastando en cada intento todo la energía.

Mi maleta cargó estudios e idiomas. Lástima que ahora se piense que no sirven para nada. Era, soy, "libre", entre comillas, no tenía nada y sigo sin tenerlo, no soy pobre y no seré jamás rica. Un amigo me dijo hace poco -no se me quita de la cabeza-, que todos los que nos fuimos, tenemos una obligacion moral de volver y hacerles ver a los nuestros que no somos la mierda de Europa, como nos hacen creer y que, con nuestras experiencias en las mochilas, podemos directamente desmontar. Somos los hijos del esfuerzo de las clases medias- bajas, los que logramos amortizar los reales de los abuelos y los duros de los padres.

"Tenemos una obligacion moral, de volver y ayudar a remontar las cosas", no se me quita de la cabeza... Hemos viajado, vivido en otros paises, trabajado para otros, estudiado, puesto nuestro esfuerzo a merced de las rebajas de los paises con cierta escasez de empleos que no tendrán ninguna piedad en deshacerse de nosotros sino tenemos unos ingresos altos sobre los 37.000 euros anuales y llevamos mas de 10 años cotizando para ellos. Somos baratos y resolutivos, somos los títulos que no se enseñan, los camareros, limpiadores y cocineros más feroces. Somos los que tenemos tanta formación que es mejor basarse en las limitaciones del lenguaje para no tomarnos en serio, porque somos muy emocionales y como somos directos, por ende, maleducados... Somos los ingenieros, enfermeros, doctores y profesores que cubren los huecos y las cifras. Y en muchos casos con mucha mas cultura general que la mayoría de nuestros colegas de otros países, yo doy fe de ello...

Sobre los profesores, con mucho dolor me quedaré en silencio...soy una profesional desilusionada y una buena profesional. Por eso a veces, cuando estoy en las reuniones de mi departamento y escucho muchas cosas ilógicas, desconecto porque así me lo permite mi lengua materna, ruidosa y cantarina,  y viajo a mi tierra y pienso que, con todas nuestras carencias, si pudieramos y nos dieran la oportunidad, muchas cosas las haríamos bastante, pero bastante mejor.




2 comentarios:

  1. Déporté

    Idas y venidas. Maletas con mil posibles destinos. Bruselas, Edimburgo, Liverpool, Norwich, Dusseldorf, Bilbao, Amberes, Norwich. Esta lista mental incluye los cafés que podrías tomarte para quejarte de cualquier cosa con un amigo exiliado o una chica a la que nunca dejaste conocerte. Pero te quedas. Emigras de ti mismo. Eres un cobarde que no sabe hacer una maleta. Idas y venidas pero en paseos matutinos. Nota mental: El pan, arroz, una voldamm que te recuerda algo, no te olvides la harina de garbanzos. ¿llevaba perejil?.

    Que importa. Quizás no seamos tan cobardes. Aunque perdimos la esperanza ella se sostiene en nuestros zapatos y en el sol de cada nuevo día. ¿por qué nos quedamos? Algunos nos marchamos de nosotros mismos porque nos da miedo salir fuera y no entender ni papa, o atragantarnos con ella. Nuestra habitación es nuestra isla y el mar nuestro horizonte. No se acaba. Vuelvo a levantarme y os echo de menos. A todos, incluso a la chica que nunca conocí. A ver si un día nos juntamos todos vociferando en cualquier bar de esquina. He vuelto sin haberme ido como vosotros. No recomiendo ese lugar esquizofrénico. Es un día como otro cualquiera. Vuelvo a dar mi clase de español a los que paradojicamente vienen a quedarse.

    - Me gusta el deporte.
    - ¿déporter?
    - No, no.

    Hay risas. Y mientras hay risas hay...

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  2. Tres colores. Azul,blanco y rojo.

    Era pequeño y mi padre me llevaba a la barbería del barrio alto. Recuerdo que me ponían un sillón supletorio y mi cabeza aparecía en el espejo mas atemorizada por el secador que casi quemaba mis pensamientos que por los trasquilones que podían dejar verlos. Entre periódicos deportivos, olor a Varon Dandy camuflado por la floristería contigua y una tertulia nunca baladí con aliento a vino del pueblo, alguien con mucha prisa asoma por la puerta y pregunta - ¿cuántos hay por delante?.

    El barbero me mira a través del espejo. Un plumero me despide con una caricia tibia mientras veo desaparecer mis mechones derrotados bajo la escoba de palma. Nunca te quedarás calvo –dice-.

    Tenía razón. Ya tengo unos años y todavía, a veces, cuando voy al barbero se me clavan los pelos afilados como agujas en cualquier rincón de esta piel reseca. La sangre fluye.

    Vuelvo a mirar.No tengo entradas ni las espero. O quizás…

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